El Consejo de Educación Inicial y Primaria aporta un comentario acerca de la nota publicada en El País bajo el título “Dos mundos”

Una nota publicada en el diario El País, en la que se muestran resultados educativos individualizando algunas escuelas públicas, más la divulgación luego de todo el cuadro 2 del Registro Estadístico Anual del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), con la información de todas las escuelas públicas del país, es un hecho que supone un cambio de las reglas de acceso a la información, que se amparaban en una resolución del Consejo Directivo Central (CODICEN) de 2001 y en la misma Ley General de Educación (18.437), que establece que no se publicará información que identifique estudiantes, docentes ni instituciones educativas.

El punto es que el hecho de que un medio de comunicación sea el que interprete cuáles son las mejores o peores escuelas, según el único criterio de la repetición, tiene varios problemas.

En primer lugar, la falta de idoneidad técnica lleva a inducir a errores de interpretación al público en general. Un gráfico de círculos según la cantidad de repetidores por departamento no hace otra cosa que mostrar cuál es el peso demográfico de los departamentos en el total del país. Sin la referencia a la cantidad de matrícula ese cuadro no muestra la incidencia de la repetición en los departamentos. Lo mismo ocurre con otra gráfica en la que se muestra la cantidad de maestros por departamento. Al no referirlo a la matrícula no puede más que inferirse lo siguiente: en Canelones hay más maestros que en Flores.

En segundo lugar, sin información contextual, uno no debe hacer una aseveración como “éstas son las mejores escuelas y éstas son las peores”, menos si se considera exclusivamente un solo indicador como es la repetición anual. Lo único que reproduce la información es el mapa de la desigualdad urbana, que dicho sea de paso, las políticas han logrado atenuar de forma significativa en los últimos años, pero que no depende exclusivamente del trabajo escolar. Esa desigualdad es la que se trabaja con una multiplicidad de políticas tendientes a reducir las brechas, tal como lo muestra el siguiente gráfico.

En tercer lugar, hasta la fecha se han realizado más de 10 evaluaciones de aprendizaje, y en dichas evaluaciones se ha constatado que, al controlar por el origen social de los alumnos, la diferencia entre el desempeño en las escuelas públicas y privadas desaparece. Es decir, no hay evidencia científica de que la modalidad de administración genere diferencias de aprendizaje más allá de la selección social de alumnos.

No es un sistema de ranking de mejores y peores escuelas públicas lo que mejora al sistema educativo. Menos aún en un sistema que no establece en su normativa la libre elección de escuelas. Cuando los barrios montevideanos eran heterogéneos, el ideal de José Pedro Varela de que los diferentes aprendían a vivir la democracia a partir de sentarse en los mismos bancos de la escuela era una realidad. Pero hoy la sociedad se ha fragmentado y no en vano las escuelas por repetición dibujan el mapa de la desigualdad urbana en este indicador o en cualquier indicador social que se grafique en el territorio.

Defender la escuela es cuidarla de las miradas que quieren sacar el rédito fácil de vender más ejemplares o fomentar una campaña de desprestigio de la escuela pública. El modelo del consumidor que elige la escuela a la que va su niño según la información del mercado no funciona para más del 80% de la población que asiste a la escuela de su barrio o localidad. Por eso hay que manejar con cuidado la información, porque publicarla así supone un cambio de la normativa legal que la institución no puede infringir.

La información no está oculta, está guardada. Lo mismo hace el periodista que cuida sus fuentes o el médico que protege la confidencialidad de la historia clínica del paciente. La información no está oculta, está guardada, y esto es por cuidar un campo profesional y no incurrir en los errores que comete El País al publicar un ranking de escuelas y determinar las mejores o peores según un criterio unidimensional, sin información contextual. De hecho, la administración deja disponible una gran cantidad de información pública, tanto la que suministra al Anuario del Ministerio de Educación y Cultura, como la que se publica anualmente en los informes de estadística de los Consejos, el Monitor Educativo y el Observatorio en la página principal de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).