Luego de treinta años de existencia, el Programa Educativo de Verano continúa extendiendo el tiempo pedagógico a las piscinas, playas o campamentos, ampliando la escuela hacia la ciudad. En ese concepto de aula abierta, dos de sus sedes más clásicas son el parque de vacaciones del Sindicato Único de Telecomunicaciones (SUTEL) y la Colonia Escolar N° 261 de Malvín.

El Programa Educativo de Verano (PEV) que se desarrolla en escuelas de todo el país con distintos tipos de actividades lúdicas, muchas de ellas al aire libre y en diferentes entornos como playas, parques, piscinas, colonias, campamentos, tiene en Montevideo dos sedes importantes: el Complejo del Sindicato Único de Telecomunicaciones (SUTEL) en el barrio Tres Cruces y la Colonia Escolar N° 261 de Malvín.

Como parte de un convenio con el sindicato de Antel (SUTEL presta sus instalaciones al PEV desde el 2017), los niños pasan todas las mañanas en el complejo de vacaciones que tiene piscina, gimnasio y unas maravillosas instalaciones de verano en pleno centro de la ciudad. Los niños y niñas que concurren allí, en el horario comprendido entre las 8:30 y 13:30 horas, desayunan y almuerzan en el parque. Disfrutan además de los diferentes talleres de música, danza, sala de lectura, ajedrez, lengua de señas, piscina, así como actividades de educación física en el gimnasio y al aire libre. Además cuentan con personal especializado en las distintas áreas, entre ellos maestros, profesores especiales, talleristas, guardavidas e intérpretes de lengua de señas.

Es entonces que el CEIP, con la cooperación de distintos organismos, empresas e instituciones, lleva adelante un sinnúmero de propuestas, posibilitando que los niños y niñas disfruten de un verano diferente.

Un aula expandida

La Colonia Escolar N° 261 de Malvín ya se ha convertido en un mojón del PEV en su tarea de recibir y hospedar a niños y niñas de todo el país. Muchos de ellos llegan de visita cada semana desde barrios montevideanos periféricos y que no conocen el centro de la ciudad, o niños del interior que ven por primera vez el mar. Es una experiencia inolvidable para los alumnos, pero también para los docentes que los acompañan.

Durante una semana, los niños comparten distintas actividades en espacios para crecer, aprender e incorporar hábitos, construir vínculos e interactuar entre pares y con adultos en un clima distendido pero con pautas de convivencia bien definidas.

Este año, el PEV cumple 30 años. A lo largo de sus tres décadas este programa ha tenido diferentes formatos y acentos, de acuerdo con las necesidades de cada población escolar. En los años ‘90 se denominaba Verano Solidario y funcionaba como una propuesta de esparcimiento, pero con el acento puesto en brindar servicio de alimentación a los escolares de las familias más vulnerables durante el verano. Más tarde, fue concebido como una propuesta que buscaba fortalecer el aprendizaje en el primer ciclo y promover el desarrollo de la lengua oral y escrita. Con el correr del tiempo el programa se consolidó como una oferta de calidad educativa que promueve la convivencia y la cooperación, con una amplia participación de las familias y organizaciones sociales.

Unos 13.600 niños y niñas (en 130 escuelas) participan de esta 30ª edición, que tendrá su cierre el 8 de febrero del 2020.